Credit Evaluation in the Era of Open BankingLa evaluación crediticia en la era del Open Banking
Open Banking has the potential to change how we decide who deserves credit.El Open Banking puede cambiar la forma en que decidimos quién merece crédito.

Credit is what keeps the economy moving. A simple way to see it is that for every dollar saved in a bank, 81 cents are given to others as loans. We depend on borrowed money more than we realize, which makes how institutions decide to lend it out one of the most consequential decisions in finance.
That decision looks very different depending on where you live. In the United States, your credit score follows you everywhere. It influences whether you get a mortgage, sometimes whether you get a job, and for many people it becomes something they actively manage, taking on debt just to build a number. In most of Europe, the concept barely registers. In my own classrooms in Spain, I’ve asked students about their credit score and been met with blank stares. Here, banks look at your income, your employment history, your savings, and whether your name appears on a default list. Different logic, different data, similar goal.
Open Banking introduces a third option. By requiring banks to securely share customer financial data with authorized third parties, it creates what researchers call a digital financial footprint, meaning your spending patterns, transaction history, recurring payments. That data can tell a more complete story about someone’s financial behavior than a credit score or a payslip ever could. For a young person in the U.S. with no credit history, or someone in Spain who has been self-employed for two years, this could mean access to credit that the traditional system would have denied. Research suggests that using this kind of data leads to higher loan approval rates, lower interest rates, and fewer defaults.
The risks are real and worth taking seriously. When banks share detailed financial data, it can be used against the very people it’s meant to help. A bank can use your spending patterns to offer you a better rate, or to charge you more because it knows you have no alternatives. The data is the same. The intention is not. Privacy protections matter here, not as a legal checkbox, but as a design principle. Done poorly, Open Banking could reinforce existing inequalities rather than reduce them. Done well, it could make the financial system more accurate, more inclusive, and more honest about what creditworthiness actually means.
El crédito es lo que mantiene la economía en movimiento. Una forma sencilla de verlo es que por cada dólar ahorrado en un banco, 81 céntimos se prestan a otras personas. Dependemos del dinero prestado más de lo que creemos, lo que convierte la forma en que las entidades deciden prestarlo en una de las decisiones con más consecuencias de las finanzas.
Esa decisión es muy distinta según dónde viva usted. En Estados Unidos, la puntuación crediticia le sigue a todas partes. Influye en si obtiene una hipoteca, a veces en si consigue un empleo, y para muchas personas se convierte en algo que gestionan activamente, endeudándose solo para construir una cifra. En la mayor parte de Europa, el concepto apenas existe. En mis propias clases en España he preguntado a los estudiantes por su puntuación crediticia y me han mirado sin entender. Aquí, los bancos se fijan en sus ingresos, su historial laboral, sus ahorros y si su nombre aparece en una lista de morosos. Lógica distinta, datos distintos, objetivo similar.
El Open Banking introduce una tercera opción. Al obligar a los bancos a compartir de forma segura los datos financieros de sus clientes con terceros autorizados, crea lo que los investigadores llaman una huella financiera digital, es decir, sus patrones de gasto, su historial de transacciones, sus pagos recurrentes. Esos datos pueden contar una historia más completa del comportamiento financiero de una persona de lo que nunca podrían una puntuación crediticia o una nómina. Para un joven de EE. UU. sin historial crediticio, o para alguien en España que lleva dos años como autónomo, esto podría significar acceso a un crédito que el sistema tradicional le habría negado. La investigación sugiere que el uso de este tipo de datos conlleva mayores tasas de aprobación de préstamos, tipos de interés más bajos y menos impagos.
Los riesgos son reales y merece la pena tomárselos en serio. Cuando los bancos comparten datos financieros detallados, estos pueden utilizarse en contra de las mismas personas a las que pretenden ayudar. Un banco puede usar sus patrones de gasto para ofrecerle un tipo mejor, o para cobrarle más porque sabe que no tiene alternativas. Los datos son los mismos. La intención, no. La protección de la privacidad importa aquí, no como una casilla legal que marcar, sino como un principio de diseño. Mal hecho, el Open Banking podría reforzar las desigualdades existentes en lugar de reducirlas. Bien hecho, podría hacer el sistema financiero más preciso, más inclusivo y más honesto sobre lo que significa realmente la solvencia crediticia.